sábado, 13 de julio de 2013

Gutach, Triberg y Friburgo


Una vez aseados y desayunados, empezamos nuestra marcha hacia Gutach. Queremos probar nuestro primer Rodhelbahn. Justo antes de llegar al pueblo, está el museo al aire libre, que nosotros no vamos a visitar, y seguidamente el desvío al Rodhelbahn. Para ser primera hora de la mañana, hay ya bastante gente y algunos hasta bebiendo cerveza. Sacamos nuestros tickets y, cámara en mano, nos montamos en el cacharro. Nos lo pasamos como chiquillos, sube bastante alto, se ven unas vistas bonitas y el descenso es vertiginoso. Tenemos que frenar de vez en cuando porque el trineo-vagón alcanza unas velocidades que dan miedo, parece que te vas a salir en cada curva. Nos encanta la experiencia y nos proponemos volver a subir si encontramos otro.

La siguiente parada es Triberg. Hay un gran parking y zona azul. Dejamos el coche, cogemos nuestras mochilas y nos dirigimos a la entrada de las cascadas. Hay muchísima gente, quizá sea uno de los lugares más visitados de toda la Selva Negra. Hay tres rutas, la más sencilla es la que va directamente a las cascadas y es cortita, ya depende de lo que te quieras entretener haciendo fotos y contemplando el paisaje. Lo cierto es que las cascadas son preciosas, una visita muy recomendable, pero el gentío le resta un poco de gracia. Nosotros optamos por la ruta más larga, que se supone que es un paseo bordeando la montaña para llegar a lo alto de las cascadas y verlas descendiendo. Avisamos de que no está bien señalizado, hay muchísimos senderos y bifurcaciones y no sabemos por dónde seguir. De hecho, en uno de los cruces, nos salimos de la montaña, llegamos a una calle del pueblo y tenemos que volver a entrar. Está claro que esto no es España, porque si lo fuera, nadie accedería al parque por la taquilla, lo haríamos por estos otros “accesos gratuitos”. Nos damos un buen pateo por el bosque, sudamos como gorrinetes, y eso que hace fresquete, y por fin llegamos a lo alto de las cascadas. Vamos descendiendo y haciendo fotos. En total, habremos estado un par de horas y nos ha gustado mucho. En nuestra opinión, aunque está muy masificado, es una visita imprescindible.






Seguimos nuestro viaje hacia Friburgo, donde tenemos pensado comer y pasar la tarde. Vemos un cartel que indica “Rodelbahn” y nos desviamos de la ruta que nos marca el gps. No encontramos el Rodelbahn, pero nos encanta el paisaje y seguimos por esta carretera. Vamos a tardar un poco más, pero creemos que puede merecer la pena… y finalmente, descubrimos que así es. Las carretera recorre valles y montañas y atravesamos el bosque por zonas realmente frondosas. Paramos en algún momento a hacer fotos. Estamos en la carretera 500 que comentábamos antes, muy recomendable si tienes tiempo y no te importa conducir un poco más.
Dejamos a un lado el desvío al Titisee, al que vendremos mañana, y seguimos hacia Friburgo. Dejamos el coche en un parking y nos disponemos a visitar la ciudad. Nos sorprende bastante, es una ciudad con muchísimo encanto, todo el centro está adoquinado, lleno de tiendas y cafés y muchísimo ambiente. Damos un buen paseo, comemos y seguimos pateando. Visitamos la plaza del ayuntamiento y la plaza donde está la catedral, impresionante, muy muy bonita. Buscamos un café donde descansar un poco los pies y tomar algo de postre. Es difícil elegir, todos tienen una pinta estupenda. Nos decidimos por uno en la plaza de la Catedral, se llama Dulce, es muy chulo por dentro y por fuera. Nos pedimos 2 batidos y, por fin, probamos la famosa Schwarzwaldtorte. La vemos en la vitrina, tiene un palmo de alto, una pinta increíble. Está buena, aunque un poco empalagosa. No nos quedará más remedio que probar alguna otra para poder comparar ;P


Estamos cansadísimos, pero decidimos subir al Schloss, seguro que desde arriba hay unas vistas bonitas. Nos cuesta un poco encontrar el funicular, pero damos con él. Sacamos billete de ida y vuelta, nuestros pies nos lo agradecen. Esperamos al funicular en el parque que hay abajo, bonito y con mucho ambiente. Por fin, subimos, pero qué sorpresa cuando al llegar, sólo encontramos un restaurante, ni rastro del castillo. Parece que hay que subir andando para llegar a él. Estamos reventados, pero ya que estamos allí, tenemos que subir. Nos apretamos las botas e iniciamos el ascenso, pero nos vuelve a pasar como en las cascadas, hay muchos senderos y bifurcaciones y pocas señalizaciones. Finalmente, encontramos una torre metálica, modernaca, muy chula y subimos los 200 y pico escalones para contemplar Friburgo desde lo alto. La subida merece la pena, contemplamos un atardecer increíble desde ahí arriba. Si tienes vértigo, mejor ni te lo plantees. La torre se mueve un poco por el viento y da un yuyu….
Seguimos sin tener ni idea de dónde está el castillo, quizá sea un castillo invisible, pero ya no podemos más y decidimos iniciar el descenso.
Cogemos el coche y volvemos hacia nuestro alojamiento, nos quedan 75 kilómetros pero por autovía la cosa cambia. Paramos en Gengenbach y tomamos un par de cervezas antes de llegar a casa. En este caso, probamos una Radler y una Hefeweisen, que nos están….más que buenas.



Vacaciones a la vista: preparativos
Llegada a la Selva Negra
Primer contacto:  Schiltach, Alpirsbach, Freudenstad, Mummelsee y Baden-Baden
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Heidelberg

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